La solución anónima para el alcoholismo

Alcohólicos Anónimos ha ayudado a mucha gente a mantenerse sobria durante los últimos 82 años.

 

 

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Desde hacía varios días Arturo no podía dejar de beber; empezaba por la mañana y terminaba hasta la noche. Pese a que se prometía ya no hacerlo, la necesidad de servir la copa y tomar para calmar el temblor, el sudor y la ansiedad podían más que su voluntad. Lo tenía claro: no quería dejar el alcohol, sólo dejar de sufrir. Por eso pidió ayuda a un amigo que lo observaba a la distancia.

Llegó a donde éste trabajaba y le explicó que deseaba abandonar el mal hábito. Él le contestó: “Por supuesto, pasa por mí en una hora para que nos vayamos al grupo”.

Un tanto molesto, Arturo no supo qué hacer: su cuerpo sudaba frío, sentía que transpiraba alcohol, se quitaba y ponía la chamarra. Entonces vio una cantina: entró y pidió un tequila. Su primera reacción habría sido tomar la bebida de un trago e irse, pero no lo hizo. En vez de eso, sostuvo el caballito en la mano varios minutos, lo acercó a sus labios y sintió asco: su hígado no podía procesar más alcohol. Afortunadamente, llegó la hora de ir por su amigo. Ése fue el primer paso para dejar de sufrir.

Aquella noche de febrero, Arturo se enteró de que el alcoholismo es una enfermedad progresiva y mortal por necesidad. Confundido y con miedo, escuchó que el único requisito para pertenecer a Alcohólicos Anónimos (AA) es querer dejar de tomar. Él no deseaba hacerlo, pero sabía que era necesario para detener su sufrimiento. Entonces aceptó su derrota y reconoció la ingobernabilidad de su vida, doloroso momento que significó el segundo paso de su programa de recuperación. Así llegó a uno de los 14,700 grupos que hay en México.

Uno de los éxitos de Alcohólicos Anónimos es su eficacia. Roberto Karam Araujo, presidente de la Junta de Custodios de esta organización, explica que donde la psiquiatría, la medicina o la fe fracasan, AA triunfa, pues de cada cuatro personas que llegan, tres alcanzan la sobriedad.

“Quisiéramos ver más jóvenes en los centros. En México, éstos son quienes más alcohol consumen: 91 por ciento son hombres y el resto mujeres; del total, sólo 4 por ciento tienen menos de 21 años”. Karam asegura que de esta manera se ahorrarían “años de sufrimiento, de provocar lesiones en el hígado y de causar daños emocionales a familiares y amigos”.

¿Cómo nació AA?

La organización tiene sus orígenes en Akron, Estados Unidos. En 1935, Bill W., un hombre de negocios y alcohólico de Nueva York, consiguió permanecer sobrio. Sin embargo, debido a una crisis emocional tuvo la necesidad de volver a beber, por lo que decidió hablar con otro dipsómano, Bob S., y así sostuvieron la primera reunión de AA. Gracias a eso, Bill logró evitar la tentación.

En 1939, con la publicación del libro Alcohólicos anónimos, la comunidad tomó su nombre. Más tarde, la agrupación atrajo los reflectores con la ayuda de amigos no bebedores.

A principios de 1945, en la ciudad de Los Ángeles, Gilberto M. recibió el mensaje para fundar, con el apoyo de su esposa, el primer grupo no oficial de AA en México, que tuvo sede en la ciudad de  Monterrey.

El 18 de septiembre de 1946 se llevó a cabo la Primera Junta de Información Pública en el Teatro del Pueblo de la Ciudad de México, con el objetivo de dar a conocer el programa a los mexicanos, cuenta Karam.

Y el 25 de septiembre de 1946 nació el primer grupo oficial de AA, el Mexico City Group. Al principio, sus juntas eran en inglés; tuvieron que pasar 10 años para que naciera una filial de esta organización en el país en la que se hablara el español.

El 15 de marzo de 1957, en Yucatán, el grupo Panteón Florido recibió la visita de Bill W., cofundador de la asociación, durante un viaje de descanso que realizó a este estado.

 

La ayuda falsa

Roberto Karam señala que los 12 pasos creados por Bill y Bob fueron regalados a la humanidad cuando sus creadores tomaron la decisión de no registrarlos. “Por eso hay otras agrupaciones que los utilizan, como ‘Comedores Anónimos’ y ‘Drogadictos Anónimos’; sin embargo, dentro de AA no hay registros ni granjas como las que utilizan de manera ilegal algunos centros con los símbolos del grupo”.

Explica que AA, el logotipo y sus colores son marcas registradas, así como los textos que genera. “Todo esto se encuentra documentado ante el Instituto Mexicano de la Propiedad  Intelectual, y su titular es la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos”, añade.

La gente que trabaja en las granjas o en asociaciones similares, va a nuestras oficinas para comprar literatura; lo hace sabiendo que ésta es una marca registrada”, refiere Karam. Además, agrega que la Oficina Central de AA en Nueva York permitió sólo a su homónima de México el uso y comercialización de la marca y de los libros que publica.

Para distinguir un grupo apócrifo de uno registrado, se debe saber que en AA no se cobra ni se piden “donativos de recuperación”. Es un servicio totalmente gratuito a la sociedad.

Por si quedaba duda

AA es la suma de hombres y mujeres que encontraron en otras personas el apoyo y mensaje para alcanzar la sobriedad que les permitió recuperar el control de su existencia.

En el caso de Arturo, la decisión se extendió a toda su vida: logró mantener su trabajo hasta que llegó el tiempo de jubilarse, aprendió que las fiestas también pueden ser divertidas sin la necesidad del alcohol, encontró otros amigos y, lo más importante, recuperó a su familia.

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